LA CRUZ DEL PERDÓN
- Iglesia Bautista Koinonia Tenosique

- 6 sept 2019
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“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Luc. 23:34 y 42-43).
Los milagros que Jesús hizo eran señales que apuntaban hacia el Padre Eterno, pero los hombres y mujeres no veían el elemento espiritual porque su mente estaba puesta en lo material y en el trasfondo político de su vida social. Y es en estas condiciones que llega el jueves de aprehensión y el viernes de crucifixión. Y de pronto encontramos a Jesús crucificado en medio de dos ladrones cumpliendo con su ministerio de Sacerdote, Salvador y Rey.
El evangelista Mateo nos describe la escena en el capítulo 27 de su evangelio y nos dice: “Los que pasaban le injuriaban… los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas, los fariseos y los ancianos decían: Si es el Rey de Israel, descienda de la cruz y creeremos en él”. Lucas añade que tanto los gobernantes como los soldados también le injuriaban y se burlaban de Jesús.
Morir crucificado era tan doloroso que quien sufría esta experiencia pronunciaba maldiciones, por lo tanto los ladrones al lado de Jesús esperaban escuchar cuando menos palabras de reproche o protesta por la injusticia, pero para sorpresa de ellos no escuchan palabras de reproche, no escuchan quejas ni protestas y mucho menos maldiciones. Lo que ellos escuchan es una oración de intercesión: PADRE PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN. Ambos ladrones aprendieron a orar y memorizaron porciones de la ley cuando eran niños. A uno de ellos las palabras de intercesión de Jesús le entraron por un oído y le salieron por el otro. Pero al segundo las palabras “Padre perdónalos” perforaron sus oídos con el poder del amor y llegaron a su corazón y mente. Y se dijo a sí mismo: “Si él está dispuesto a perdonar a los que le quitan la vida, de seguro que hay esperanza de que a mí también me perdone”. Sabe que no tiene derechos, pero se humilla y le dice a Jesucristo, “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. El ladrón no le pide a Cristo que le prolongue la vida o que le evite el dolor. Sin lugar a dudas el ladrón había visto los milagros y escuchado los mensajes de Jesús, y ahora puede entender que el reino del Mesías no es de este mundo y espera una respuesta, una promesa para el futuro; pero, ¡Ha, que sorpresa! No puede creer lo que escucha, “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. El perdón de Dios tiene beneficios presentes y eternos y es nuestro, si hacemos nuestras las palabras de David, “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia… borra mis rebeliones”. Y Él lo hará.






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